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6.5.08

NO ENTIENDO, JURO QUE NO ENTIENDO

No soy lo que se llama un especialista en el uso de la lengua. No soy el Profesor Giménez ni soy Celeste Carballo, pero tampoco soy Jacobo Winograd, lo cual me habilita para intentar reflexionar un poco sobre cómo hablamos los argentinos en la actualidad.

Caso 1: Oído en un bar mientras esperaba que el mozo se dignara a traerme el ticket y me cobrase ese fuckin' cortado de una vez.
Señorita 1: Y cómo pasaste el finde?
Señorita 2: Bárbaro. Con Fulanito estuvimos todo el fin de semana encamados mal
¿En qué quedamos? ¿Se encamaron mal o la pasaron bárbaro? ¿El teléfono interrumpía constantemente, un resorte asomaba por el lugar más incómodo del colchón, o llegó el desabastecimiento también al Viagra?
Es más o menos como decir "no sabés lo contento que estoy, me operaron de hemorroides". En algún logar se contraponen el encamarse mal y el estar bárbaro.
Conclusión 1: Mal es bien.

Caso 2: Oído en un medio de transporte (que no es el subte, ya que todo el mundo sabe que en el subte es imposible escuchar nada).
Joven 1: ¿Y al final que le dijiste al jefe?
Joven 2: Nada. Que renunciaba, que se metiera el aumento en el... (en ese momento suena el celular del joven 1). Dialoga por unos instantes y corta.
Joven 1: Era mi novia, recién sale del médico
Joven 2: Y qué dijo?
Joven 1: Nada, que está embarazada.
¿¿¿¿¿Nada??????Renunciar al trabajo... ser padre... y NADA????
Avisame cuando tengas algo importante para decir así por las dudas saco la visa y me rajo del país. Digo, porque debe ser groso de verdad.
Imaginate uno de estos diciéndote "te llegó el resultado de los estudios. Nada, te vas a morir"
Conclusión 2: Nada es algo, o mucho.

Caso 3: Madre pasea junto a su hijo de más o menos un año y un par de meses.
Niño: Mirá, mamá. Babau
Madre: No es babau, es perro.
Niño: Mirá, mamá. Tutú
Madre: Eso no es tutú, es un auto. Aaaauuuuto.
Niño: Mirá, mamá. Papelito.
Madre: No lo toques, eso caca.
Conclusión 3: Todo tiene su nombre. Bah, todo no.

Caso 4: Un tío viene a casa, te ve en la computadora y dice "Yo no entiendo estas cosas modernas".
Tu madre viene a casa, toca algo en el control remoto y pone el televisor en UHFZP4. Después de dos horas de buscar infructuosamente el manual de instrucciones, te ponés a meter mano hasta que lográs dejar todo como estaba antes. Tu madre te mira y dice "no es mi culpa, estas cosas modernas son difíciles de manejar".
No conozco a ninguna persona menor de 70 años que use la palabra "moderno" para referirse a la tecnología.
Conclusión 4: Moderno es antiguo.

Estos ejemplos sirven para explicar por qué es tan difícil comunicarse entre argentinos. Cómo comprender a las personas del sexo opuesto, a nuestras madres, a los jóvenes y a los viejos si hasta parece que hablásemos idiomas diferentes.
Y eso que no hablamos de lunfardo ni regionalismos. No me entiendo con mi vieja querés que entienda lo que quiere decir un tipo que canta "sola, fané y descangayada".

9.4.08

LOS ROMPEPELOTAS

Así como en algún momento nos hemos referido a los cagaclimas, hoy vamos a explayarnos sobre otra especie humana puesta en nuestras vidas para complicarnos, enervarnos y ponernos al borde del asesinato serial: los rompepelotas.
Los rompepelotas fueron puestos en nuestras vidas un día que Dios nos vio demasiado tranquilos, y después se olvidó de sacarlos.
A simple vista lucen inofensivos, como inocentes perritos, pero esconden sus verdaderas intenciones: jodernos hasta que la paciencia se termine, y reaccionemos como pizzero de Ituzaingó y los usemos para rellenar empanadas.
Alguno se preguntará a qué llamo yo rompepelotas, ya que cada uno tiene su propio concepto.
Va una pequeña lista para descibir a qué llamo yo rompepelotas:
Un rompepelotas llama por teléfono en el momento más tenso de una película de suspenso.
Un rompepelotas llega a tu casa cuando estás por comer un asado, para presentarte a su novia vegetariana.
Un rompepelotas te llama haciéndose el gracioso cuando estás al borde del brote psicótico en medio de un embotellamiento.
Un rompepelotas te llama por teléfono 30 minutos antes de que suene el despertador, para preguntarte una boludez del tipo: "¿cómo era que se llamaba la actriz esa de la película Las edades de Lulú?" y ya no conciliás el sueño nunca más
Un rompepelotas nos demora cuando llegamos tarde a una reunión. Y lo que es peor, cuando nos vayamos apurados, el tipo se va a ofender.
Un rompepelotas te enloquece con la cantinela de que dejes de fumar. Y si no fumás, te tira el humo en la cara.
Un rompepelotas es el que te avisa que viene a cenar, que no te preocupes que él trae la comida, y te cae con empanadas de esas que menos te gustan (en mi caso, acelga y queso). Encima no le podés decir nada porque las cocinó la madre.
Un rompepelotas llega a tu casa, y cuando te distrajiste, se encanutó el control remoto y te deja Bailando por un Sueño hasta el final.
Un rompepelotas te manda un mensaje groserísimo por Messenger justo cuando le estás mostrando a tu jefe (o a un cliente) una presentación en tu computadora.
Mi suegro es un rompepelotas que me hace poner la radio Amadeus cada vez que se sube a mi auto.
Mi suegra es cinturón negro en el arte de romper las pelotas, encima cada vez que vamos a su casa no nos podemos rajar de ninguna manera. Te toma de rehén y no zafás ni con el grupo GEOF.
-"¿Pido una pizza?"
-No, gracias. Ya nos vamos
-Pero una pizza llega enseguida
-No, en serio. Me quiero ir a dormir.
-Pero sino se tienen que poner a cocinar...
-No, de verdad. En todo caso pedimos una en casa
-Pero si no les cuesta nada, son quince minutos más
-Bueno, está bien. ¿Me pide dos porciones de fainá?
Para cuando llega la pizza, te das cuenta de que se olvidó de pedir la fainá y encima te sirve Coca Cola Light.
Podría seguir explayándome con el tema, pero me tengo que ir a cenar a la casa de mi suegra. ¡Qué rompepelotas!

17.3.08

QUE HAY EN UN NOMBRE

Muchas razones pueden explicar por qué los padres les ponen a sus hijos los nombres que les ponen. Tantas razones como padres. Y los nombres ahora se explican, ya sea por complicados, o las motivaciones, o porque sí (¿o qué sentido tendría explicar el nombre Juan Carlos? ¿Qué parte de Juan Carlos no queda clara para que te tengan que explicar "le puse Juan Carlos porque..."?).
Algunos nombres no necesitan explicación, son los que surgen de la admiración, el cholulaje o el fanatismo. El más común es ponerle al pibe "Diego Armando". Y hay un montón, la gran mayoría nacidos después del '86. Una vez leí en una revista (en realidad no se trataba de una revista especializada, creo que fue en la Radiolandia 2000) que unos uruguayos después de ganarles el mundial del 50 a Brasil (el famoso Maracanazo), les pusieron a sus hijos el resultado del partido. Imaginate andar por la vida llamándote "Dosauno".
Los nombres por admiración suelen ser inexplicables, llamarte Ubaldo Matildo porque tu viejo era fana de Fillol es para pedir que te den en adopción. Aunque sea que te adopte Yiya Murano, pero no podés seguir viviendo con alguien capaz de ponerte de nombre Ubaldo Matildo.
A la hora de elegir el nombre que se le va a poner a un niño, existen un montón de variantes y posibilidades. Una de ellas es comprar un libro de nombres. ¡Un libro! No puedo creer que exista alguien tan hijo de puta capaz de recopilar todos los nombres castellanos y meterlos en un libro, libro que en la tapa se verá la foto de la panza de una embarazada e indefectiblemente tendrá las palabras "tu bebé" en el título. Y menos aún puedo creer que alguien compre un libro para ponerle Sandra a su hija.
Una tentación al leer un libro de nombres, es buscar el propio y fijarse qué significa. Una cagada. En un libro leí que mi nombre significa "el que trabaja la madera". Justo a mí, que en la puta vida agarré un serrucho, detesto los martillos, clavos, tornillos y etcéteras varias me vienen a poner ese nombre. No sé, me habrán visto durmiendo en la cunita y pensado "uy, tiene cara de carpintero". Por qué no me pusieron alguno que signifique "el que odia a sus padres por ponerle un nombre incoherente". Ese tendría más sentido. En otro libro dicen que significa "guerrero". Lástima que en ninguno dicen que quiere decir "terrorista", sino te juro que hacía honor a mi nombre y ponía una bomba en las editoriales de libros de nombres para bebés. Y otra en la casa de mis padres.
Hace unos años, se estilaba ponerle a los niños nombres indígenas, o, hablando en políticamente correcto, nombres de los pueblos originarios. Así aparecieron los Epecuén, Nehuén, Aylén, Tayel y otros nombres más propios de una heladería en Belgrano que de un pibe. Me imagino en la escuela, la maestra tomando lista: -Eluney. -Presente. -Kalén. -Presente. -Toro Sentado. -Presente.
Otros padres homenajean a algún antepasado poniéndole su nombre. "Se llama Hipólito en honor a su abuelo". Y ahí andan niños con nombres de tipos de bigotes tupidos onda Caparrós, pero de hace un siglo y medio. Olegario, Constantino, Edelmiro, Justiniano, Ildefonso, son hermosos tributos al abuelo y años de terapia para el pibe.
En algún momento me referiré a la maldita costumbre de los famosos de ponerles a sus niños nombres ridículos. Me banco que Leticia Bredice le quisiera poner Indio a su hijo, que Emilia Mazer le haya puesto Uma. Pero que Cristian Castro le ponga Mikhail Zaratustra es para envenenarle la sopa. ¿Por qué mejor no le puso Mipapamedetesta Castro?
Una tendencia que veo en los últimos tiempos es que algunos padres permiten que los niños se apoden. Por ejemplo, una madre tiene nueve meses para escoger el nombre de su pequeño vástago. Imaginemos que, luego de elegir variantes (más o menos un par de meses) decide que, si nace varón, lo va a llamar Ezequiel. El pibe nace, pasan los meses, ya balbucea palabras y cuando le preguntan cómo se llama, el imberbe responde "Tete". Una familia normal, sonreiría y le diría "te llamás Ezequiel, no Tete" o bien comprendería que a esa edad no pronuncian bien, que llaman Babau a un perro, tutú a un auto o papa a la comida, aunque se trate de salmón grillado con salsa de roquefort y aceitunas. No. Los padres modernos lo llamarán Tete por el resto de su vida. Adultos, tipos con capacidad de iniciar empresas, negocios, casarse, conducir en las rutas, pilotear aviones con 300 pasajeros, presidir una República y negociar la deuda externa con el Imperio, se rinde ante una cagadita de menos de un metro de altura y lo llama como el pendejo pronuncia, no por decisión, sino por incapacidad. A ver si se entiende: El pibe dice Tete... ¡¡¡porque no puede decir Ezequiel!!!
Hace unos años tuve la oportunidad de presenciar una situación como la antedicha. Una amiga tuvo un hijo. Su tía, de alrededor de 50 años, se llamaba Silvia. Por la incapacidad del niño de pronunciar su nombre con propiedad, la llamaba Titi. Hasta ahí todo normal. El asunto es que toda la familia le empezó a llamar Titi, no solo ante el niño, sino entre ellos. "Hoy viene Titi", "llamó la Titi, mandó saludos" o "la tarta de espinaca con merengue la hizo la Titi". La mina estaba contenta de llamarse Silvia, sentía que su nombre la identificaba, era feliz. "Soy Silvia", se presentaba. Pero un día, y sin consultarla, un engendrito incapaz de caminar cuatro pasos sin caerse, de limpiarse el chupete por sí mismo o indicar que tiene hambre sin necesidad de llorar como un marrano, tiró por la borda su orgullo de Silvia para caer en la ignominia de explicar por qué razón ahora era Titi. Hoy el pibe debe tener unos 15 años y no entiende por qué a su tía le dicen así.
Los tengo que dejar, tengo que ir a convencer a una amiga embarazada de que al pibe le ponga Vicente, que me parece simpático.


Aviso:
Por la llegada de la Semana Santa, y el recogimiento que la misma ordena, el blog no se actualizará hasta el miércoles 26.
Mentira, me voy a la costa. Hasta el miércoles. Felices Pascuas.

3.3.08

LOS CAGACLIMAS

El cagaclimas es una variante moderna de lo que nuestras abuelas llamaban aguafiestas y los chetos ochentosos llamaban cortamambos.
Es como un temporal cayendo sobre nuestras cabezas en el preciso momento de pisar la playa. Como el teléfono sonando a la hora del sexo. Como mi suegra barriendo delante del televisor en una definición por penales. Como el exceso de metáforas en una nota.

Situación 1: En el cine
Una vez que logramos abstraernos de los molestos ruidos de papeles de caramelos, nachos, pochoclos y afines, entramos en el clima necesario para disfrutar de una película. Supongamos que la película es de terror, en el preciso momento en que el asesino va a cumplir con su exigencia del libreto, es decir, despanzurrar a la protagonista, un adolescente del fondo grita: "mirá, es igualito a Luis" y se ríe a carcajadas al igual que sus acompañantes. El resto de los espectadores chistan, se escucha un "callate, pendejo o te rompo los dientes", y así durante un breve tiempo (si es que no pasa a mayores y terminan todos a los golpes como en un saloon del lejano Oeste). Luego vuelve el silencio, pero el clima ya está arruinado.
También está el que opina: "uh, es re yanqui esto", o "daaaaale, mirá si va a poder hacer eso", o "el otro día vi como se hace eso, en realidad el tipo no está colgando del paragolpes de un camión volcado en el abismo, es una pantalla verde de fondo, creo que se llama croma o algo así", o "eso no es nieve, es puré chef".

La principal diferencia entre un cagaclimas y un tipo con mala leche, es que la carencia de intención del primero. No es que va a mirar tu auto nuevo y preguntar "¿cuánto pagaste por esta chotada?". No, el tipo se va a subir a tu auto y luego de unas cuadras de manejo va a preguntar "¿este ruido es común? Porque mi primo también tenía uno de estos y no sonaba así". El efecto cagaclimas durará hasta que volvamos del mecánico.
Un cagaclimas estará allí para recordarte que ese chiste que creías buenísimo es de mal gusto, o inapropiado. Que no se jode con los muertos, con el dolor, con las religiones. Que cómo se te ocurre que vas a escibir una comedia titulada "Cromañón, El Musical". Que el caminito que hiciste en el puré es de mala educación porque con la comida no se juega.
El cagaclimas estará allí, aunque no lo llamemos. Inevitablemente su comentario llegará para arruinar nuestra alegría. Como si en un casamiento interrumpieran el carnaval carioca para poner una canción de Baglietto. O peor aún, esa de Palito Ortega de la mina que se va para el cielo vestida de novia.
Es un gol en contra en el último minuto cuando el empate te consagraba campeón.

Situación 2: Las Fiestas de Fin de Año
¿Quién no ha estado en una fiesta de Navidad cuando, a la hora del brindis, una tía o una abuela empieza a llorar a mares? ¿Quién no ha visto a la familia entera contagiarse y llorar como Magdalenas cuando uno lo único que pretendía era tirar cohetes y tomar sidra hasta quedar doblado?
Nunca falta un pariente que mira al abuelo y pregunta por lo bajo "che, llegará a año nuevo?". Y a uno, que no es de piedra, se le van las ganas de entrarle al jamón con ananá, a la ensalada Waldorf, o a la polenta con queso, depende del menú que elijan para las fiestas.

Todos hemos conocido cientos de cagaclimas. El que te da una mala noticia al empezar las vacaciones, el médico que te prohíbe comer de todo justo el día de tu cumpleaños con todo comprado, la minita que en una fiesta te pregunta a qué te dedicás, el profesor que te devuelve el examen con un 3 cuando creías que habías hecho todo para un 10, el gordito del servicio meteorológico de canal 13 que pronostica un tsunami cuando diste parte de enfermo en el laburo para ir al Parque de la Costa (al que me diga inmaduro por esto, lo mato), el que dice "esta peli es una cagada" cuando llegás del video club después de una hora de estar eligiendo qué mirar, la persona a la que le cocinaste tu mejor receta para una cena íntima y te dice "ah, pero yo no como mariscos".
Hay un ejército de cagaclimas esperándonos a la vuelta de la esquina, dispuestos a contarnos que su pareja les pega cuando vamos pletóricos de alegría a cobrar a la agencia por agarrar el 542 a la cabeza, o contarnos de qué está hecho ese plato que nos encanta comer, o salir del cine contando entre ellos quién es el asesino mientras hacemos la fila para entrar, o ponernos puntos en el registro, o recordarnos que hay leyes contra el asesinato. Por más que el asesinado sea un cagaclimas.

16.2.08

LOS ESPECIALISTAS, SU LENGUAJE

Una de las cosas que más loco me vuelven es el léxico específico que utilizan los especialistas. El viernes fui a retirar una bordeadora que mandé a arreglar y el tipo me dijo: "le hicimos cable, ficha y carbón". Sé perfectamente lo que es un cable y una ficha, pero hasta el viernes creía que el carbón era solamente esa cosa que uso para cuando hago algo a la parrilla, y que cumple dos funciones: asar y ensuciarme todo de negro.
Todavía no sé qué tiene que ver el carbón con la bordeadora. ¿Le habrán puesto carbón en alguna parte? ¿Funcionará con carbón, como las locomotoras antiguas? ¿O le habrán sacado carbón de alguna parte? Encima, una bordeadora no consta de muchas partes, podríamos dividirla en: cable, mango, botón, motor y coso redondo donde se pone la tanza, por lo cual deduzco que el carbón (si lo hubieran sacado) lo habrían sacado del motor.
Es que uno se siente humillado al preguntarle al especialista de turno qué es eso de lo que está hablando.
Las enfermedades tienen todas nombres difíciles. Ni hablar de las bacterias, los medicamentos, y muchísimo menos los nombres genéricos. Para mí que es una forma de refregarte por la cara que ellos fueron un montón de años a la facultad. Yo no tengo ni idea de qué es ni para qué sirve un triglicérido. Qué buena palabra, puede servir para ganar jugando al ahorcado.
Te mandan a hacer un estudio médico, digamos una esfigmomanometría, ya de movida es imposible repetirlo de corrido.
Te entregan el resultado: "se observa una hiperflacosamia de la protilamida secolasa de la axoba inferior". ¿Eso es malo? ¿Me voy a morir? Para colmo el médico que te tiene que traducir eso no sólo te va a cobrar la consulta, sino que además no tiene turno hasta dentro de 10 días.
Y después está el otro extremo: vas a verlo por una pavada y te dice "esta manchita no me gusta nada. Te recomendaría que vayas a ver a un oncólogo lo más pronto posible". Es en estos momentos en que uno desea que te hablen con términos imposibles de decodificar. Para colmo, te dan un turno para dentro de 10 días.
Un médico no es un crítico de cine. Si Catalina Dlugi te dice "la película no me gustó nada", no es la muerte de nadie. Pero si tu médico es el que dice que hay algo que no le gustó nada, es como para ir reservando la parcela del "Campos del Más Allá, Cementerio Privado".
Los cocineros ya no baten crema, ahora montan nata. Las llamaban aceitunas, ahora se llaman olivas. Los mostacholes ahora se llaman penne (sepan disculpar, pero yo ni en pedo como algo con ese nombre).
Los economistas y la coyuntura (palabra que los cocineros utilizan para referirse a la articulación de un pollo). Los marketineros y el know how. Los mecánicos y la junta del chirifioi. Los abogados y el latín. Los chimenteros y los enigmáticos. Spinetta y sus metáforas. Los alemanes y todo lo que digan.
Todos están hablando en un idioma que no entiendo.
Por eso, respetables lectores, yo con mis amigos hablo de cosas que entendemos todos: minas y fútbol. Usando términos más que comprensibles, y si es necesario, graficamos con las manos. Como debe ser.

4.2.08

LOS CASTINGS

Casting es una palabra inglesa que define el proceso por el cual se selecciona a una persona para hacer determinado papel en una película, obra teatral o una publicidad.
En otras palabras, es el método por el cual descartarían a Angel De Brito como protagonista de Duro de Matar, o a Baby Etchecopar para protagonizar un éxito.
Los examinadores de castings son una mezcla exacta entre el jurado de Bailando por un sueño y una mesa de examen en la facultad. La diferencia es que los participantes en vez de una nota con un cartelito patético se llevan un "cualquier cosa te llamamos".
No hace mucho vi una película llamada Audition, en la que un tipo elige a su novia por medio de un casting. El resultado fue horripilante (Me refiero a la película, al tipo solamente lo mataron después de torturarlo bastante).
La idea de elegir mujer a través de este sistema no estaría mal, uno llama a una selección de mujeres que cumplan con los requisitos necesarios para brindar satisfacción y placer (y si sabe cocinar, mejor), y de entre ellas elegís a tu novia. Bueno, me informan que es lo que ha estado haciendo Pancho Dotto todos estos años.
Volviendo al tema que nos ocupa, hoy en día es indispensable realizar un casting, si no es para elegir el protagonista, al menos que sea para tener algo que poner en la sección "Extras" del DVD, junto a las partes en las que los protagonistas se tientan de la risa, las escenas anuladas y el "cómo se hizo", o "making of", porquería creada a los únicos fines de quitarle toda la magia a una película (es ahí donde uno se entera de que el tipo no está colgando de un peñasco en el Himalaya, con vientos huracanados y siendo disparado desde un helicóptero, sino que está colgado en un estudio, con una pantalla verde de fondo y un ventilador industrial que apenas le despeina las patillas, y esperando que un asistente le alcance un Martini)
Existen todo tipo de castings:
1. El arreglado o acomodado
2. El casting al cuete (el cual se divide en dos vertientes:
a. El segundo tipo que entrevistaron daba exactamente con lo que buscaban, pero si cortan ahora, con dos cuadras de cola, les incendian el edificio, o
b. "Para qué hacemos todo esto si la película no la va a ir a ver ni el director"),
3. El casting maldito (es aquel que nos trajo a la TV artistas que nunca hubiésemos querido ver ahí y ahora no podemos sacar, como Nazarena Velez, Marley, Gómez Rinaldi o Eduardo Feinmann)
4. El casting sábana. Hace poco me crucé con Karina Jelinek, feliz porque la habían convocado para un casting sábana. "Me llamaron para hacer de fantasma", me dijo.
-No, Karina... te van a hacer poner de rodillas
-Uy, qué lindo! ¿Voy a hacer de petisita?